martes, 12 de junio de 2012

Pedro Antonio de Alarcón en Paulenca




Suscribo plenamente y hago mía la declaración que hace Quevedo sobre su amor por la lectura. Lo manifiesta de forma elocuente en el soneto que empieza:

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Entre los autores que habitualmente leo, recuerdo, me guían y me hablan está muy a menudo Pedro Antonio de Alarcón. Es lógico, puesto que visito a menudo Guadix, y es fácil recordarlo en su pueblo. Ayer estuve en Paulenca y tuve ocasión, otra vez, de escuchar a Padeaya y mantener con él una imaginaria y fructífera conversación (vuelvo a mencionar a Quevedo hablando de los clásicos: o enmiendan o fecundan mis asuntos). Recordé cuando Pedro Antonio relata las excursiones al cortijo que tenía su padre en Paulenca:

Los tres primeros viajes de mi vida fueron en burro, esto es, a la morisca pobre... ¡Mi buen padre, que santa gloria haya, tenía demasiados hijos para tener también muchos caballos!

martes, 5 de junio de 2012

LA TUMBA DE IBN AL-JATIB

Bab al Mahruq: el mausoleo de Ibn a-Jatib


He visitado la tumba de Ibn al-Jatib en Fez. Como en casi todos los viajes, he ido con Estela, Enrique (que hizo las fotos) y Mari Ángeles. Es un lugar emotivo, y sorprendentemente accesible; más fácil de encontrar de lo que pensábamos en Granada.

Los restos del ilustre personaje lojeño descansan en una especie de oratorio o pequeña ermita situada en el cementerio que hay junto a la puerta de Bab al-Mahruq.

Al salir por la citada puerta, se contempla una gran explanada llena de puestos ambulantes, y, al otro lado de la carretera se ve un inmenso cementerio, dividido en dos por una cuesta. En la parte de la derecha, junto a la tapia, a unos cien metros de Bab al-Mahruq, se destaca con toda claridad el mausoleo de Ibn al-Jatib; blanco, con un tejadillo verde.

lunes, 4 de junio de 2012


Verdades de paño pardo (texto original completo)


«...ese... ¡que reviente!»
Victor Hugo.-Napoleón el pequeño.

Pedro Antonio de Alarcón, un indignado de 1854


VERDADES DE PAÑO PARDO

Pedro Antonio de Alarcón escribió en 1854, cuando tenía 21 años y ya se disponía a trasladarse a Madrid, un sabroso artículo que me ha parecido que, como pasa con tantas líneas del autor accitano, ahora adquiere plena vigencia. Lo publicó en El eco de Occidente, revista que servía de órgano al famoso grupo de escritores granadinos reunidos bajo el nombre de La Cuerda Granadina, y se llama Verdades de paño pardo, que es tanto como decir “verdades de Perogrullo”.

En el artículo, el joven Perico, como era conocido entonces en Guadix y en los círculos literarios granadinos (y con ese nombre lo inmortalizaría más adelante Pérez Galdós en la novela Aitta Tetuen), se nos muestra como un precursor de los jóvenes del 15-M, un joven indignado con los políticos de la época.