domingo, 3 de agosto de 2014

De Madrid a Nápoles



(Publicado en El Ideal  el día 13/08/2014)

Pedro Antonio de Alarcón es, sin duda, el gran escritor de libros de viajes del siglo XIX. Habrá que esperar  a Azorín, gran admirador de la obra del accitano, para encontrar a otro escritor con tal vocación viajera,  dotes de observación y capacidad para transmitir las emociones al lector.
Alarcón quiso estudiar Derecho en Granada, pero, después de unos meses de estancia en la capital, las estrecheces económicas familiares le obligaron a volver a Guadix a estudiar Teología. Allí se atiborró de lecturas románticas, inició todo tipo de empresas  literarias, vivió sus primeros devaneos amorosos e incubó el sueño de realizar viajes exóticos. En todos sus libros de viajes mencionará esta ensoñación viajera de su juventud. A no haber podido realizar estudios universitarios en Granada debe Perico su afán viajero.
Con dieciocho años abandonó el hogar paterno y vivió en Cádiz, en Sevilla, en Granada, en París y en Madrid, alojándose donde se terciaba, en pensiones de mala muerte, en habitaciones prestadas o en casas compartidas por jóvenes bohemios. Así aprendió a ver, a vivir, y a escribir. El intrépido adolescente se educó observando los tipos, las miserias de los que le rodeaban;  sin haber pisado la Universidad enriqueció su  cultura  entrando en todo tipo de ambientes. Su simpatía, su generosidad, su osadía, le abrían todas las puertas.