sábado, 13 de septiembre de 2014

SÉPTIMA JORNADA DECAMERON



SÉPTIMA JORNADA
COMIENZA LA SÉPTIMA JORNADA DEL DECAMERÓN, EN LA CUAL, BAJO EL GOBIERNO DE DIONEO, SE
DISCURRE SOBRE BURLAS QUE POR AMOR O POR SU SALVACIÓN HAN HECHO LAS MUJERES A SUS MARIDOS, HABIÉNDOSE APERCIBIDO ELLOS O NO.

Todas las estrellas habían huido ya de las partes del oriente, con la excepción de aquella que Lucifer llamamos, que todavía lucía en la blanqueciente aurora, cuando el senescal, levantándose, con un gran equipaje se fue al Valle de las Damas para disponer allí todas las cosas según la orden y el mandato habido de su señor. Después de cuya marcha no tardó mucho en levantarse el rey, a quien había despertado el estrépito de los cargadores y de las bestias; y levantándose, hizo levantar a las señoras y a los jóvenes por igual; y no despuntaban aún bien los rayos del sol cuando todos se pusieron en camino. Y nunca hasta entonces les había parecido que los ruiseñores cantaban tan alegremente y los otros pájaros como aquella mañana les parecía; por cuyos cantos acompañados se fueron al Valle de las Damas, donde, recibidos por muchos más, les pareció que con su llegada se alegrasen. Allí, dando una vuelta por él y volviendo a mirarlo de arriba abajo, tanto más bello les pareció que el día pasado cuanto más conforme era con su belleza la hora del día.
Y luego de que con el buen vino y los dulces hubieron roto el ayuno para que por los pájaros no fuesen superados, comenzaron a cantar, y junto con ellos el valle, siempre entonando las mismas canciones que decían ellos a las que todos los pájaros, como si no quisiesen ser vencidos, dulces y nuevas notas añadían. Mas luego que la hora de comer fue venida, puestas las  mesas bajo los frondosos laureles y los otros verdes árboles, fueron a sentarse junto al bello lago, como plugo al rey,  y mientras comían veían a los peces nadar por el lago; lo que, tanto como de mirar daba a veces motivo para conversar. Pero luego que llegó el final del almuerzo, y las viandas y las mesas fueron retiradas, todavía más contentos que antes empezaron a cantar y luego de esto a tañer sus instrumentos y a danzar; y después, habiéndose puesto camas en muchos lugares por el pequeño valle  con licencia del rey, quien quiso pudo irse a dormir; y quien dormir no quiso, con los otros a sus acostumbrados entretenimientos podía entregarse a su placer. Pero llegada ya la hora en que todos estaban levantados y era tiempo de recogerse a novelar, según quiso el rey, no lejos del lugar donde habían comido , haciendo extender tapetes sobre la hierba y sentándose cerca del lago, mandó el rey a Emilia que comenzase; la cual, alegremente, así comenzó a decir sonriendo: 

viernes, 12 de septiembre de 2014

El último hayib de la Alhambra (Capítulo I)



Mi nombre es Muhammad Lisan al-Din Abu Abd Allah ibn al-Jatib al-Salmani al-Lawsi. La pasión de mi vida ha sido narrar las biografías de las personas que me han rodeado o he conocido a través de otros testimonios. A mis sesenta y dos años, mi deseo final es contar mi propia biografía. 

Durante toda mi vida he servido al rey de Granada, el quinto Muhammad, llamado al-Gani bi-Llah, “el que se complace con Dios”. Fui su maestro, su protector, su visir y su hayib a lo largo de más de treinta años de dedicación a su causa. También serví a su padre, el gran Yusuf I. Ahora vivo escondido en mi refugio del palacio nuevo de Fez, protegido por los reyes merinís, huyendo de la ira del granadino. Como la vejez implacable me ha privado del órgano de la vista, dicto la historia de mi vida a mi fiel esclava Widad.