domingo, 15 de febrero de 2015

Antonio de Valbuena y Pedro Antonio de Alarcón

Don Antonio de Valbuena fue un crítico literario muy de moda en la segunda mitad del siglo XIX. Muy popular, era tan temido como prolífico. Deslenguado e irreverente, escritores, políticos y aristócratas fueron fustigados por su pluma. Sus artículos eran esperados con ansiedad por el público, especialmente los jóvenes, que los reproducían de memoria, pues eran hilarantes y mordaces y no respetaban a nadie.

En Agridulces (1891) recopila reseñas literarias, entre las que destaca la dedicada a El Niño de la Bola, publicada en 1882. Es una critica devastadora y divertida de la novela del accitano.


Pero otras veces se muestra indulgente con la figura del novelista. En la serie titulada Ripios académicos  procede a satirizar a la mayoría de los académicos.  Compara su libro con una culebra, de la que dice que en su pueblo (era de la comarca leonesa de Riaño) se come todo, menos la cabeza. Se burla de la mayoría de ellos: Cánovas, Núñez de Arce, Menéndez Pelayo o Valera son victimas de su mordacidad inmisericorde. Pero salva de su cuchillo a los ocho que reúnen méritos suficientes para merecer su sillón, que son la cabeza de la Academia, entre los que se cuenta Alarcón, de quien dice:

viernes, 6 de febrero de 2015

El Niño de la Bola. Reseña de Antonio de Valbuena (incluida en Agridulces. 2ª toma. Madrid, 1893)


EL NIÑO DE LA BOLA
(1882)

No ha de faltar quien se escandalice si digo aquí de buenas a primeras que este último libro del Sr. Alarcón es un esperpento; pero, escandalícese quien quiera, yo no puedo menos de decirlo.
¿Qué se ha propuesto el Sr. Alarcón al escribir El Niño de la Bola? No parece cosa fácil adivinarlo. Sólo sé decir que si se hubiera propuesto dar al traste con su reputación de escritor formal, más o menos legítimamente adquirida cuando escribió El escándalo, no hubiera debido hacer su libro de ahora de otra manera.

Don Miguel Gutiérrez Jiménez, ni escombro ni sacristán.

Publicado en IDEAL (05/01/2015)

Colegio Bartolome y Santiago. Antiguo Instituto
Se jactaba Ángel Ganivet de haber disfrutado de excelentes profesores en el Instituto Provincial de Granada, y añadía con típico masoquismo granadino que después no quedaron “más que escombros y sacristanes”. Quizá lo diga resentido por haber suspendido las oposiciones, porque el  instituto de Granada siempre disfrutó de un alto nivel de profesores, como la mayoría de institutos públicos del XIX. Valga como testimonio esta breve semblanza de un profesor: don Miguel Gutiérrez.
Miguel Gutiérrez Jiménez nació en Los Gualchos en 1847. Estudió bachillerato en el Sacromonte y en 1868 se graduó y doctoró en Filosofía y Letras.