viernes, 15 de julio de 2016

Diputados del distrito de Guadix (1846-1923)



La ley electoral de 1846 dividía la circunscripción de la provincia de Granada en once distritos, uno de los cuales correspondía a la comarca de Guadix (de la que se excluyen los pueblos del Marquesado y La Peza, que se asignan al distrito de Baza). A lo largo de setenta y siete años, treinta y tres diputados representaron a nuestra ciudad en el Congreso de Diputados.
En la década de los años 50 se suceden seis diputados, generalmente pertenecientes al partido moderado dirigido por el general Narváez, y, hasta la llegada de Pedro Antonio de Alarcón, siempre serán políticos “cuneros”, normalmente militares y aristócratas acomodados a este distrito por no encontrar sitio en otro,
pero sin ningún interés por la ciudad a la que representan, y donde son bien recibidos y halagados por los votantes, que, no lo olvidemos, en aquella democracia censitaria pertenecen a las clases altas, a los propietarios ricos y al abundante clero de la ciudad catedralicia y se mostraban agradecidos a los políticos de alto rango que les devolvían los votos en forma de favores personales.

I. LOS DIPUTADOS DE LA CAMARILLA DE LA REINA ISABEL II

La corte de Isabel II vista por los hermenos Bécquer
José María Velluti  nos representó en dos legislaturas, en 1846 y 1850, y pertenecía a los círculos aristocráticos absolutistas de Granada, por lo que su actividad se limitó a defender los intereses de su tío, el poderoso marqués de Falces.  Felipe Rull Castaños, otro aristócrata sevillano le sucedió.
Joaquín Osorio Silva, conde de Corzana y Grande de España, fue elegido  diputado  en 1857, pero el mismo día que iba a tomar posesión de su escaño, un desafortunado incidente terminó con su vida. Recibió del general Narváez la orden de velar por la entrada en la alcoba de la reina Isabel II, que se encontraba con su amante oficial, Enrique Puig Moltó (unánimemente considerado el padre de Alfonso XII), cuando reclamó la entrada el rey consorte,  Francisco de Asís, al que acompañaba el general Joaquín Urbiztondo. Se produjo una reyerta por la insistencia del rey de entrar en el dormitorio de su esposa, a consecuencia de la cual murieron el frustrado diputado, en el acto, y posteriormente Urbiztondo; según unas versiones, víctima
de las heridas del conde, y según otras, por las que le infringió posteriormente el general Narváez.
Rafael León Navarrete lo sustituyó. Tiene un perfil muy parecido a su predecesor. Era un prestigioso general, hermano del bravo y famoso Diego de León, y pertenecía también a la “camarilla” de Narváez. Su fidelidad inquebrantable a la reina regente María Cristina, frente a Espartero, le valió el cargo de ayudante de cámara de la infanta Luisa Fernanda.
José Antonio Gutiérrez de la Vega Moncloa es también un diputado moderado, pero a diferencia de los anteriores no pertenecía ni al mundo de la aristocracia ni del ejército, sino a la alta burguesía  sevillana y es un adinerado emprendedor que tuvo distintas iniciativas periodísticas, ligadas a la literatura, la medicina o al mundo de la caza y la agricultura. Fue gobernador civil de Granada y de Madrid, donde se hizo tristemente famoso por ser responsable de la violenta represión de “la noche de San Daniel”. Aparece como personaje en la novela de Pérez Galdós “La de los tristes destinos”, dando su protección a amigos liberales, a pesar de su moderantismo.
Tenemos que esperar al final de la década para encontrarnos con un diputado liberal, Joaquín Hazañas,  del partido Unión Liberal del general O’Donnell, que repetiría escaño en 1860. Lo abandonó en 1861 al ser nombrado Jefe de la Administración de la Fábrica de Tabacos de Sevilla. Es padre del eminente bibliófilo Joaquín Hazañas de la Rúa y hermano de Manuel Hazañas, quien también sería diputado por Guadix y que, ¡por fin!, tuvo una intervención decisiva en la historia de la ciudad, siquiera por ser el descubridor y primer mentor de Pedro   Antonio de Alarcón, quien retrató a esta clase política en “El Niño de la Bola”, la misma  que hay en todas “las poblaciones subalternas de Europa, y especialmente en las estacionarias y vetustas como aquella ciudad”, en la que no falta una clase minoritaria ilustrada y progresista reunida en la botica de la plaza de las Palomas.

II. EL TRIUNFO DE LOS LIBERALES (AÑOS 60)

El siglo XIX fue especialmente convulso  para la historia de España y la década de los 60 la encrucijada de todas las crisis del siglo. En esa década Pedro Antonio de Alarcón ya no es el adolescente curioso asiduo de las tertulias liberales de la rebotica de la Plaza e las Palomas. Ahora tiene treinta años, ha viajado por Europa y Marruecos, es el periodista de moda en Madrid y será el más conocido diputado por Guadix. Pero no fue el único.
Las primeras elecciones de la década fueron en  noviembre de 1863, después de que la reina nombrara al general Narváez presidente de gobierno por sexta vez, a pesar de que la mayoría del parlamento era liberal, por eso no se presentaron a las elecciones y salió mayoría moderada en toda España.
En Guadix triunfó Joaquín Agrela, quien había nacido en Granada en 1816.  En 1860 trajo de Inglaterra unos molinos para molturar caña de azúcar y creó la fábrica Nuestra Señora del Rosario de Salobreña. Diputado por el Partido Moderado solo intervino en la Comisión de Etiquetas para preparar la recepción de los reyes en la sesión de apertura.  También fundó un banco local y su familia construyó el famoso Palacio de los Patos en la calle Recogidas de la capital.
Al año siguiente hubo nuevas elecciones, el 22 de noviembre de 1864, y  Pedro Antonio de Alarcón inicia una intensa carrera política que se prolongará durante ocho años en los que dejará de lado la actividad literaria al presentarse por la Unión Liberal, y obtener el escaño, aunque la mayoría en el país fue moderada y se mantuvo el gobierno de Narváez. Pero la crisis política provocada por  la virulenta represión  de la manifestación estudiantil llamada la Noche de San Daniel y la crisis financiera de las compañías ferroviarias provocaron el cambio de gobierno, el nuevo advenimiento de O’Donnel y la convocatoria de nuevas elecciones, previsiblemente ventajosas para los liberales.
El cambio de la Ley Electoral otorgaba a Guadix cuatro  diputados y el 28  de noviembre de 1865 vaticinaba el diario de Madrid La Época: En la circunscripción de Guadix, provincia de Granada, está asegurado el triunfo de la candidatura unionista, compuesta de los Sres. D. Pedro Antonio de Alarcón, D. Manuel María Hazañas, D. José Cordón y Cabrera y el vizconde del Pontón. Contaba  con la oposición de la candidatura progresista  encabezada por Domingo Hidalgo y la moderada de Luis Bessieres.
Efectivamente, triunfaron los cuatro candidatos liberales cuyos datos biográficos son:
 era de Cádiz, pero estaba enraizado en Guadix, por lo que algunas biografías lo hacen oriundo de nuestra ciudad. Liberal y aventurero, en 1848 fue encarcelado tras los incidentes ocurridos el domingo 26 de marzo en las barricadas de la calle Peligros de Madrid. Vivía entonces en la pensión de
Antonia Onrubia Navarrete en la calle Carretas, que era nido de liberales. Por ello, Narváez quiso fusilar a la que luego sería amante de Ronconi y protectora de los jóvenes granadinos de La Cuerda.  La prisión le fue conmutada al joven revolucionario por el confinamiento en Guadix. Su presencia fue providencial para Alarcón, pues el revolucionario romántico se convirtió en ídolo del adolescente y también en mecenas al fundar El Eco de Occidente, revista que alcanzó los setecientos suscriptores,  y que dirigieron  Torcuato Tárrago y Pedro Antonio de Alarcón. Luego fue nombrado Director General de Loterías. Durante su destierro en Guadix escribió la novela “El capitán del bergantín Saeta”, en la que Manuel Palacio ve la pluma del jovencísimo Alarcón. En 1860 fue diputado por Baza  (el mismo año su hermano lo fue de Guadix y Martínez de la Rosa Rosa de Granada). Esta convocatoria fue muy discutida, porque la mesa electoral estaba en lasa del secretario del ayuntamiento, que era pariente del diputado y además donde él vivía.

Emilio Alcalá Galiano y Valencia era Conde de Casa Valencia y Vizconde del Pontón. Nació en Madrid en 1831.  Diplomático, fue enviado a Washington en 1854 como agregado de la embajada.  Luego estuvo en México y Lisboa. Diputado moderado, apenas estuvo un año de diputado por ser elegido ministro en 1865. También fue académico. Falleció en 1914.
José Cordón y Cabrera era natural de  Lucena y falleció solo un mes después de las elecciones.
En 1866 la reina destituyó a O’Donnell por negarse este a conceder favores económicos al entorno familiar de Isabel II y volvió a nombrar por séptima vez al general Narváez,  que declaró en la Cortes que la prioridad era «la cuestión del orden público, la que interesa a todos los españoles» y a continuación decretó el cierre temporal del parlamento.
Este y otros abusos provocaron que un grupo de 121 diputados intentara hacer llegar a la reina su protesta en forma de manifiesto. Los firmantes del escrito fueron desterrados y Alarcón se fue a París en noviembre de 1866. En marzo, una vez  celebradas las elecciones el día 10, pudo volver a España, pero confinado en Granada.
Ganaron los moderados Luis Bessieres y Portas (1810-1875), barcelonés, general carlista que  ya había sido diputado por Guadix en 1853 y que destacó en 1861 por su crueldad en la represión de la rebelión de Pérez del Álamo en Loja. Fue nombrado gobernador militar de Jaén. Su hijo Emilio, casado con la condesa-duquesa de Osuna protagonizó un sonado divorcio de su esposa y un escándalo al ser condenado por crear una fábrica de moneda falsa en Guadix.
Federico Fernández San Román nació en Zaragoza en 1823. Era marqués de San Román. Historiador y militar (Batalla de San Quintin, 1863). También compuso zarzuelas (Del dicho al hecho)  y obras de teatro como Aragón y Castilla y Una perla en el fango (1852). Dirigió la revista La Asamblea del Ejército entre 1858 y 1859.
Isidoro Lora Pérez, nació en Loja. Estudió Derecho en Madrid. En  1863 y 1864 vivía en Granada  e interviene en el Liceo Literario y la Academia de Jurisprudencia de la ciudad. Mantiene correspondencia con Narváez manteniéndolo al corriente de las noticias de Granada.  También fue diputado por Santa Fe. Protegido por Narváez, en 1867 era el subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros.
José Martínez Mantecón era uno de los grandes propietarios de Granada y médico reputado. Alcalde de Motril y casado con Cándida Roda perteneciente a una familia de terratenientes de la Alpujarra.  Padre de José Martínez de Roda.
Después  de la Revolución de septiembre de 1868 se convocaron elecciones constituyentes el 15 de enero de 1869, caracterizadas por ser las primeras con sufragio universal masculino y en las que vencerá  Pedro Antonio de Alarcón y ya nombrado rey Amadeo I de Saboya  vuelven a celebrarse elecciones el 8 de marzo de 1871  organizadas por el gobierno progresista presidido por el general Serrano. Ganará en Guadix nuevamente Alarcón.

III. LA REVOLUCIÓN Y LA RESTAURACIÓN (AÑOS 70 y 80)

En la década de los setenta se suceden tres regímenes en España: el reinado de Amadeo I de Saboya, la I República y la Restauración de los Borbones con Alfonso XIII. Guadix mantiene su distrito electoral y  con la llegada del sufragio universal masculino frente al anterior sistema censitario se encona la lucha entre los liberales tradicionales y los republicanos; que se mueven alrededor de Pedro Antonio de Alarcón, que mueve los hilos desde Madrid, a través de sus hermanos,  y de Requena Espinar respectivamente.
En marzo de 1872  Pedro Antonio de Alarcón perdió las elecciones en favor de Antonio Quevedo Donis, un político favorecido por el gobernador civil, que cometió un caso  flagrante de estafa que fue denunciada por el escritor, aunque antes de que se resolviera la demanda, fueron disueltas las Cortes y convocadas nuevas elecciones para agosto del mismo año sin que el diputado por Guadix ocupara su escaño más que una sola vez. Por su parte,  Pedro Antonio de Alarcón ya no volverá a ser diputado, aunque seguirá representando a la provincia de Granada en el Senado. Allí intervendrá a favor del reconocimiento de Italia, la abolición de la esclavitud, el tendido de la red ferroviaria a Extremadura  (era Delegado de Ferrocarriles Extremeños) y a Almería, etc.
Don Antonio Quevedo había sido alcalde de Barcelona y ha pasado a la historia como autor  de la primera historia  de la Guardia Civil, escrita en 1858, solo catorce años después de fundarse el benemérito cuerpo por el general Narváez en 1844.
En las elecciones de agosto del mismo año 1872  consiguió el acta de diputado por Guadix el político liberal Antonio Sánchez Yago en dura pugna con el candidato republicano, el periodista local José Requena Espinar. Según relató este en El Accitano, la pugna fue verdadera batalla campal en la que los apoderados de aquel asaltaron a sus secretarios para robarles las actas conseguidas, siendo atendidos en el hospital de sangre que, como si se tratara de una guerra, se había dispuesto en la casa que había delante de la fachada de la catedral donde hoy hay una plaza.
Era  don Antonio Sánchez-Yago (1827-1879) abogado natural de Montejícar,   pariente de Paulina Contreras, la mujer de Pedro Antonio, a cuyo círculo de intereses pertenecía.  Su hermano Domingo fue también prestigioso abogado y un combativo diputado republicano. Ambos hermanos tuvieron que dirimir sus diferencias en el Congreso durante la convulsa etapa de la  I República.
Ya durante la Restauración, con la nueva Constitución, mantuvo Guadix su jurisdicción y su primer diputado volvió a ser alguien totalmente ajeno a la ciudad, el veterano político de Elche Francisco Botella Andrés, perteneciente desde los tiempos de Narváez al partido moderado, que fue nombrado Director General de Aduanas por su apoyo a la causa de Alfonso XII y posteriormente gobernador civil de Valencia. Fue además autor de obras teatrales muy populares, aunque de escaso valor. Luego fue senador y falleció en 1903.
En las elecciones de abril de 1879 obtuvo el acta por Guadix otro amigo personal de Pedro Antonio de Alarcón, el político alpujarreño Arcadio Roda Rivas, abogado, escritor y periodista, que antes había sido diputado por Almería, y pertenecía a la familia más influyente de la Alpujarra.
Ocupó los cargos de Director General de Beneficiencia y de Hacienda, consejero de la empresa de ferrocarriles del Noroeste de España y presidente de la del Sur de España, en 1895 logró, junto con otros almerienses, que el ferrocarril llegase a Almería. Asimismo fue artífice de la carretera de la Alpujarra.
Ya en la década de los 80, consolidado el régimen de turno pacífico de Cánovas y Sagasta se sucedieron los  representantes del capitalismo caciquil andaluz, pertenecientes al Partido Liberal, heredero de la Unión Liberal de Alarcón,  ajenos a la ciudad del Niño de la Bola, a la que no aportan nada.
Al cacique granadino sucedió un cacique jienense, Juan Montilla y Adán pertenecía al Partido Liberal de Sagasta y del general Serrano, y después de Guadix fue diputado por Granada y por Jaén. Fue director general de Correos, organismo que reformó inteligentemente, y luego ministro de Justicia, donde propugnó la abolición de la pena de muerte en España.
Y como no hay dos sin tres, al cacique jienense le siguió otro cacique malacitano, el aristócrata Manuel Loring y Heredia, diputado en las elecciones de 1884. Su familia constituía parte de las élites caciquiles andaluzas que se enriquecieron al amparo de las concesiones de obras públicas (especialmente ferrocarriles) otorgados por un poder político que utilizaban en beneficio propio. Fueron denunciados sus usos ilícitos de los fondos de los impositores en la Caja de Ahorros de Málaga, el joven diputado discutió con el periodista denunciante, Francisco García Peláez,  en el Café Inglés de la Plaza del Siglo y en la reyerta recibió tres tiros mortales, en un suceso que conmovió a todo el país. Su familia era dueña de la conocida finca “La Concepción” de la capital de la Costa del Sol.
Todavía otro diputado ilustre buen amigo de Pedro Antonio de Alarcón obtendría el acta de diputado por Guadix en el siglo XIX, y en dos ocasiones, el gran Ramón Rodríguez Correa que fue un escritor,
periodista y político español. Formó parte en su juventud del grupo de jóvenes bohemios de la Colonia Granadina que se creó en Madrid alrededor de Alarcón, que lo llamaba cariñosamente “Correíta”, y con quien emprendió múltiples iniciativas periodísticas y literarias. Quizá ha pasado a la historia de la literatura por ser muy tempranamente el principal valedor de la figura de Bécquer, de quien editó y prologó la primera edición de sus obras para auxiliar económicamente a la desvalida  familia del poeta sevillano prematuramente desaparecido; y ha quedado en segundo plano su propia obra. Además de político (fue diputado otras cinco veces por distintos distritos y alto funcionario de Hacienda), era famoso por sus cuentos, sus letras de canciones populares, sus artículos periodísticos (por los que fue calificado de “intencionado, satírico y sangriento”)  y su capacidad oratoria, que, a juicio del conde Romanones, superaba incluso a Castelar. Murió en 1894 siendo diputado por Guadix.
Su lugar fue ocupado por Nicolás Gallego Grisso, de quien no tenemos más noticias que visitó Guadix con su familia en 1897, cuando ya había dejado de ser diputado (El Accitano, 31 de octubre de 1897).

IV. LOS ENCASILLADOS (LA DEMOCRACIA DE ALFONSO XIII)


La ley electoral de 1890 en su artículo 1 proclamaba como electores a todos los varones mayores de 25 años con más de dos años de residencia en España y suprime la condición de haber contribuido  al Tesoro con un mínimo de 25 pesetas anuales como mínimo, que marcaba la Ley Electoral de 1878. Esta medida hizo que aumentara el número de votantes de 850.000 a 4.800.000 y, por tanto, abrió nuevas perspectivas a los movimientos obreros que empezaron a aspirar a estar representados en el Congreso. Sin embargo  este impulso apenas se dejó sentir en las zonas rurales como Guadix. El gobierno de turno se reservaba  la adjudicación de un distrito a un candidato afín para conseguir una mayoría que apoyara sus medidas. Esta política se llamaba el encasillado, e implica un pacto que satisfacía al partido gobernante y a la oposición, a la que también se le asignaban unos los escaños. A la casilla de Guadix se le asignó a lo largo de estos  años diputados conservadores de la facción de los Marín de la Bárcena durante veinte años, por  los diez que correspondieron a  los diputados liberales José Bastida, Francisco Angulo y Manzano Alfaro.

El golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923 suspendió el sistema democrático provisionalmente y cuando se recuperó, ya nunca hubo suscripciones electorales por distritos, como el de Guadix, sustituidos por las circunscripciones provinciales tanto con la II República como con la Constitución de 1978.

En Granada Natalio Rivas y Juan Ramón de La Chica dirigían el partido liberal y el marqués de Portago y las sagas de los Agrela y los  Rodríguez-Acosta el partido conservador. La degradación del sistema democrático hizo que en varios distritos se presentara un único candidato y  fueran frecuentes las alteraciones del escrutinio de los votos emitidos. Como las denuncias las “resolvía” una comisión del Congreso, y además no merecían castigos penales, casi nunca eran atendidas, hasta que se derivaron a los tribunales ordinarios, a partir de  1907. Entonces el Tribunal Supremo emitió sobre el distrito de Guadix el siguiente dictamen vergonzoso y sonrojante para los accitanos, después de que se anularan sus actas hasta por tres veces: “La perversión de las costumbres públicas de esa comarca es de tal naturaleza que la hace indigna, indefinidamente, de representación parlamentaria; lástima que en la ley no haya términos hábiles para proponerla” (10-6-1910). También Ortega y Gasset se hace eco de la degradación de la democracia en Granada cuando concluye que en Granada “la realidad es como en Marruecos, literalmente” (“Balada de Boabdil La Chica”, El Sol, 13-II-1920).

Los elegidos por el distrito de Guadix fueron sucesivamente José de la Bastida y Fernández Espino (1893 y 1894),  un político “cunero”, yerno del que fuera presidente del Consejo de Ministros y jefe del Partido Liberal, Segismundo Moret. Era de Montoro y estaba afincado en Chipiona, donde el Ayuntamiento le cedió una amplia extensión de terreno comunal en la playa junto al monasterio de la Virgen de la Regla para que construyera una barriada de hoteles. Tenemos que reconocer que la corrupción de aquellos próceres de la patria dejaba a nuestros corruptos contemporáneos a la altura de meros aficionados. Murió en Madrid (calle Génova, 1) el 21-VI de 1907.

Le sucedió en las elecciones de 1896 otro liberal, Francisco de Angulo Prados (1896). Era Decano del Colegio de Abogados de Granada y fue concejal de Granada por la coalición progresista  que, presidida por Melchor Almagro,  reunió a liberales y republicanos (como José López Muñoz, profesor del instituto de enseñanza media)

A partir de entonces, durante las siguientes cinco convocatorias electorales habidas hasta 1823 se asignan a Guadix diputados conservadores, empezando por el factótum del partido ciervista Antonio Marín de la
Bárcena (1898, 1899, 1903, 1905, 1907). Juan de la Cierva representa la hegemonía en el partido conservador del caciquismo basado en la fidelidad de redes familiares y empresariales.

Marín de la Bárcena era natural de La Zubia, se licenció en Derecho por la Universidad de Granada y obtuvo  una plaza por oposición en el Cuerpo Jurídico Militar, después de ocupar varios destinos alcanzó los puestos de fiscal togado y teniente fiscal en el Consejo Supremo de Guerra y Marina. Estuvo destinado en Cuba, donde se casó con una rica criolla, se incorporó a la oligarquía financiera e inició su carrera política como diputado por aquella circunscripción, hasta la pérdida de la colonia en 1898, siendo entonces cuando ocupó el escaño por Guadix. Después de diez años de diputado fue nombrado senador vitalicio y accedió a la presidencia del Tribunal Supremo el 25 de abril de 1930, falleciendo el 6 de octubre del mismo año.

Antonio Manzano Alfaro (1910), liberal de la facción del conde Romanones, estudió  Derecho en Granada. Casado con la marquesa de Salinas, doña María Auristela Guinea y Valdivielso. Fue gobernador civil de Tenerife (1898), Guipúzcoa y Barcelona (1902). Pertenecía a la burguesía liberal granadina, y su  hermana Josefa estaba casada con Fernando Wilhelmi (cuya hija se casaría con el secretario del PSOE y luego ministro republicano, Fernando de los Ríos).

En estas elecciones cruzaron distintas denuncias tanto el candidato liberal vencedor citado como Antonio Marín Hervás, candidato conservador  perdedor. El periódico El Accitano publicó el 24 de junio de 1910 una hoja suelta en la que reprodujo las conclusiones a que llegó la investigación del Tribunal Supremo. Realmente parece increíble que se pudiera conculcar la ley tantas veces durante una jornada electoral. Se consideran hechos probados la constitución de colegios clandestinos, actos de coacción y agresiones por parte de los delegados, falsificación de firmas, intervención del presidente de la Junta Local cesado por el Gobernador Civil, negativa de algunos alcaldes de montar las mesas electorales en los lugares asignados (escuelas o pósitos) y establecerlos en sus casas particulares, sustitución arbitraria de presidentes y adjuntos de mesas, intervención de hombres armados con escopetas y palos, desautorización de actas notariales, duplicación manipulada de listas de electores, encarcelamiento de apoderados y prohibición de usar el telégrafo en Guadix, detención en la jornada electoral de tres notarios, inclusión en el censo de numerosos electores difuntos, ejercicio del voto fuera de plazo, emisión de actas en blanco para que las rellenara el gobernador civil, compra de votos y un largo etcétera de irregularidades. Estaba justificado el exabrupto del juez de considerar a la comarca indigna para la democracia a perpetuidad.

Eduardo Moreno Agrela (1914), conservador. Era hijo de Eduardo Moreno y Filomena Agrela, ricos azucareros que construyeron en 1890 el famoso  Palacio de los Patos. Pertenecía a la élite granadina industrial y financiera y era propietario de azucareras, fábricas textiles y la Compañía General de Electricidad. Lideraban entonces el partido en Guadix Ricardo Burgos, Torcuato García Ochoa, Adrián Caballero Magán, José Cañas Castillo y Juan Casas Miranda, quienes repartieron “mil y pico de duros” de don Eduardo entre los votantes (El Defensor de Granada, 8-III- 1914).
Cristóbal Pérez del Pulgar y Ramírez de Arellano (1916), teniente coronel de caballería, destacado carlista y  marqués del Albaicín, título creado por Alfonso XIII en 1911, completó la transición entre los dos “Marines”, padre e hijo.
Antonio Marín Hervás (1918, 1920, 1923), hijo de Antonio Marín de la Bárcena, será el último representante del distrito de Guadix. Cuando La Cierva da un mitin en Granada en el teatro Cervantes de Granada en junio de 1920, Martín Hervás ofrece el discurso de bienvenida como destacado dirigente de esta facción.  Ingeniero de Minas, tenía espíritu aventurero y emprendedor, y realizó importantes investigaciones en la aeronáutica. Proclamado en 23 sin elecciones, ocupó durante la dictadura de Primo de Rivera la dirección de la escuela oficial de pilotos en régimen de monopolio y promovió la construcción de los primeros aviones españoles a través de la Compañía Española de Aviación, con capital de la francesa Compagnie Aerienne Française, que sería el embrión de la compañía nacional Iberia.
Por último, debemos hacer mención al accitano de adopción Leonardo Ortega Andrés.
 Nacido en Bentarique en 1856. Su padre era un hacendado rico, amigo de Prim y de Ruiz Zorrilla. Su madre era hermana del gobernador civil de Almería y antiguo combatiente liberal, José Andrés Tortosa. Estudió interno en Baeza y Granada, donde obtuvo el título de bachiller en 1879. Se licenció en Derecho en la Universidad Central de Madrid.
Al licenciarse se trasladó a Guadix donde se instaló y se convirtió en un accitano más a lo largo de más de veinte años, aquí ejerció su profesión y adquirió prestigio en toda la provincia como líder republicano. En 1903 ganó las elecciones al Congreso por Granada, aunque el Gobierno Civil tardó tres días en reconocer su triunfo por el intento grosero de don Manuel Rodríguez Acosta de alterar las actas.  Otra vez sufrió la misma situación en 1910, cuando le ofrecieron como compensación una senaturía, que rechazó, a la vez que llamaba a la calma a sus seguidores. Era gran orador y electrizaba a las multitudes. Rico propietario de minas y generoso, pronto se convirtió en jefe de los republicanos granadinos y una figura señera del republicanismo nacional, así como en blanco de las chanzas de los círculos religiosos como del padre Manjón. En Madrid se casó con la hija del destacado dirigente republicano y también diputado  Manuel Llano y Persi y mantuvo siempre una encendida defensa de sus ideales desde su domicilio de la capital en Montalbán, 3, donde murió arruinado con una pequeña pensión que le procuró del Congreso Lerroux.

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