jueves, 29 de septiembre de 2016

Rafael Gago en el barranco del Teatino



Rafael Gago Palomo dejó en su obra inacabada Recuerdos de un estudiante, publicada en la revista La Alhambra en 1615 y 1616,  una deliciosa descripción del itinerario que seguía para ir desde el cortijo de Casablanca, en El Fargue, donde pasaba los veranos  hasta el Albaicín, donde vivía su familia, exactamente en la casa que luego perteneció a don Manuel Gómez-Moreno González, en la plaza de San José.

Como es habitual en los textos de Gago Palomo,  la descripción es muy viva y amena, aunque por su poco rigor es también caótica y desmañada. Es verdad que a veces cuesta trabajo seguir el hilo, porque mezcla excursiones y recorridos sin suficiente claridad, pero su espontaneidad y oralidad nos invita a seguir su rastro con interés y placer.
La excursión parte del camino del Sacromonte, donde se pasa por los cortijos de la Cruz Torneada y de los Latinos. De aquí se desviaban a la izquierda,
Cuesta del cerro del Pajarillo
justo donde termina el muro de contención, a la altura del puente del molino del Teatino hacia una “empinada cuesta en zig-zag llamada de Guadix, que se desarrolla sobre la falda occidental del cerro del Pajarillo”. Dice que cuando se derrumbaba el puente que construyó el general Sebastiani en Huétor Santillán, este camino era el único acceso a Guadix.
Entre el cerro del Pajarillo y el de Montejate está el barranco del Teatino, así llamado por un arroyo que nace en El Fargue y muere en el Darro, frente al molino de los Teatinos, hoy en ruinas. 
El barranco del Teatino, entre el cerro Montejate y el del Pajarillo, desde el camino de Beas
Al pasar por el barranco del Teatino el “aspecto de aquellos precipicios que de uno y otro lado estrechaba el cauce no podía ser más imponente”.
A medio camino se ve EI Tajo de las Palomas, que  “tenía el aspecto exacto de un enorme y elevadísimo torreón de Castillo feudal de color gris blanquecino, que parecía hecho de yeso de abajo a arriba”.
El barranco transcurre entre el cerro del Pajarillo y el Montejate (Gago lo llama “Montiate”). Dice Gaqo  que “ Hacia su curso medio forma una ancha explanada circular de más de treinta metros de diámetro, sobre la cual cae en cascada desde una altura de unos cincuenta, el agua del barranco, no en masa compacta, sino dividida en lluvia. Sobre unos diez o doce metros por encima de la cascada, aquella llanura circular está encerrada en un tubo cilíndrico del mismo diámetro, de paredes casi enteramente verticales. Esta cascada tiene por nombre La Chorrera”.
En el camino dice que abundan los alacranes, escorpiones,  gavilanes, abantos, totovías, perdices y conejos. En la actualidad no es extraño cruzarse con jabalíes, cabras monteses y ciervos.

Al final el camino que va entre pinos se pierde en medio de un olivar y al fondo encontramos el cortijo Casablanca y el Cortijo Nuevo, y detrás El Fargue.

También poseía la familia de Rafael Gago, en el curso del Darro el Carmen de los Granados, desde donde también explora el camino a Casablanca por el mismo barranco del Teatino.
Ruinas del Molino del Teatino
Ibn al Jatib atribuye la propiedad de las alquerías de Beas y Cortes de Beas y sus cortijos, acequias, presas y molinos a las reinas de Granada. Fueron vendidas por Boabdil a la Corona, que las donó a Hernando de Zafra y los cortijos desde Cortes hasta Jesús del Valle en el siglo XVIII todavía pertenecían  a sus descendientes los condes de Torrepalma y duques de Gor, que tenían residencia en Granada, en el palacio de los Girones. El III conde de Torrepalma Alonso de Verdugo fue escritor y miembro fundador de la Real Academia de la Lengua.

El cortijo de los Granados se surte del agua de “La Fuentecilla, de la que brota a unos cincuenta metros de la ribera del Darro y casi exactamente al nivel de su cauce, un agua diáfana” y  linda con el de Jesús del Valle, también hoy en ruinas y que era “propiedad entonces de D. Carlos Calderón y Vasco, antiguo capitán de Caballería que pidió su absoluta y pasó a prestar sus servicios militares a D. Carlos VII, y desde entonces, según prometió, no volvió a ser visto por Granada, su patria. Hijo único de padres riquísimos, en vano pretendió abrir sus salones para bailes y tertulias a esta población entregada a la maledicencia y a la sátira. En aquel cortijo, donde estaba y está el panteón de familia, donde yace también el excapitán”. Ahora, los restos de este personaje, que inspiró a Valle-Inclán al marqués de Bradomín, reposan en indignas condiciones en el cementerio de San José de Granada.
Ruinas de Jesús del Valle

No hay comentarios:

Publicar un comentario